Cuando una marca se queda con una palabra

Hay proyectos que no solo venden una categoría, van más allá y colonizan una palabra. Se trata de dejar de competir por explicarse y consiguen algo más valioso, que una palabra corriente del diccionario empiece a apuntar mentalmente hacia ellos.

MARKETING DIGITAL - CLIENTESBRANDING

Fredie Tone

3/18/20263 min read

¿Qué ocurre cuando una marca coloniza una palabra?

Hay proyectos que no solo venden una categoría, van más allá y colonizan una palabra. Se trata de dejar de competir por explicarse y consiguen algo más valioso, que una palabra corriente del diccionario empiece a apuntar mentalmente hacia ellos.

Para entender este fenómeno conviene mirar dos referencias del mundo de las marcas: la WIPO, que es la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, y la USPTO, que es la oficina de patentes y marcas de Estados Unidos. Ambas distinguen los casos en los que una marca toma una palabra real y común del idioma, pero sin relación lógica con lo que vende. A eso se le suele llamar arbitrary mark: una palabra existente que, gracias al uso y la estrategia, acaba cargándose de un significado nuevo en la mente del público.

Del significado legal al efecto mental

Ahora bien, lo más interesante no es la etiqueta legal, sino el efecto mental. En posicionamiento esta idea suele resumirse como owning a word: lograr que una marca quede pegada a una palabra o a un concepto en la cabeza del cliente y no todos los casos son arbitrary marks en sentido jurídico, algunos son más bien sugerentes, pero todos participan del mismo juego estratégico: desplazar, en un contexto concreto, el significado del diccionario por el significado de marca.

Ejemplos de marcas que se apropian de una palabra

Mango: de palabra cotidiana a universo de moda

Un ejemplo muy cercano es Mango. En español, mango puede ser el asidero de un utensilio y también la fruta tropical. La RAE recoge ambos sentidos. Sin embargo, en el territorio de la moda, para muchísima gente Mango ya no remite ni a un cuchillo ni a la fruta, sino a una marca nacida en Barcelona hace cuatro décadas y construida alrededor de una identidad propia de diseño. Eso es precisamente lo fascinante, una palabra cotidiana entra en una categoría nueva y, tras años de consistencia, deja de sonar genérica y empieza a sonar editorial, estética, incluso aspiracional.

Desigual: cuando un adjetivo se convierte en identidad

Otro caso brillante es Desigual. La RAE define desigual como “que no es igual” o “diverso, variable”. Y la propia marca cuenta que el nombre surgió cuando Isabel Coixet propuso la palabra “Desigual” acompañada del lema “no es lo mismo”.

Es difícil encontrar un ejemplo más claro de apropiación semántica en español, una palabra común, casi descriptiva de una diferencia, convertida en universo visual. Hoy, en moda, Desigual ya no funciona solo como adjetivo, funciona como código de color, mezcla, atrevimiento y una forma muy concreta de romper la uniformidad.

Claro y Éxito: palabras corrientes convertidas en marcas potentes

En Latinoamérica hay dos casos aún más interesantes, Claro es una palabra corriente del español que la RAE la asocia con luz, nitidez o algo que se distingue bien. A la vez, Claro se presenta como una marca líder de telecomunicaciones con operación en 18 países de América. Ahí la maniobra estratégica es evidente, una palabra que ya transmitía limpieza, comprensión y visibilidad se carga además de cobertura, conectividad y tecnología.

Algo parecido ocurre con Éxito. La RAE define éxito como resultado feliz o buena aceptación, y Grupo Éxito explica que hoy es líder del retail en Colombia y Uruguay, con presencia en Argentina. Cuando una marca comercial logra que una palabra tan poderosa como “éxito” deje de ser solo una abstracción y empiece a sentirse como un lugar concreto, ha ganado una batalla en la memoria de todas las personas.

Stories: cuando un producto redefine una palabra

El caso de Stories es todavía más interesante que el de muchas marcas corporativas, porque aquí no hablamos de una empresa apropiándose de una palabra, sino de un producto que logra redefinirla. Antes, story significaba simplemente “historia” o “relato”; después de Snapchat, Instagram y la expansión del formato, pasó a significar para millones de personas una publicación efímera de 24 horas. Es decir, no solo cambió el marketing: cambió el uso cotidiano de la palabra.

Cómo se llama esta técnica de posicionamiento

Así que, si hay que ponerle nombre a esta técnica, yo me quedaría con owning a word o word ownership. Es la forma más útil de describir esa ambición de marca, no solo vender algo, sino adueñarse de una palabra en la mente del mercado. Y ahí está la clave final: no gana la marca que elige la palabra más bonita, sino la que consigue resignificarla con suficiente consistencia como para que, en el contexto adecuado, llegue antes la marca que el diccionario.

Owning a word" o "word ownership" Cuando una marca se queda con una palabra.
Owning a word" o "word ownership" Cuando una marca se queda con una palabra.